Una visita a mi mamá

¿Qué persona no siente debilidad por su Madre? Habría que hacer una encuesta, y preguntar cuántas personas que se van de la casa de su madre, y al tiempo terminan volviendo; quiénes se aguantan de verdad las ganas de volver a los brazos de mamá. Seguro serían muy pocas. También están los que, si se van, en vez de quedarse en sus casas, pasan más tiempo en casa de sus padres.
   Cuando uno va creciendo en su fe cristiana, va creciendo también el amor y respeto hacia María; ése que tanto nos inculcan desde chicos. Se aprende a rezar el Ave María, después el Rosario, y las demás oraciones que podemos hacer para complacer a nuestra Mamá del Cielo, que está pendiente de nosotros desde que nacemos, hasta nuestro último día acá en la tierra.
  Sabemos la importancia de María para la Historia de la Salvación. El sí que le dio al Ángel Gabriel, con sus 15 años, marcó su compromiso con Dios, y por añadidura con toda la humanidad, aún sabiendo los peligros que podía traerle. Pero a ella no le importó, su mirada ya estaba puesta en lo alto. Ojalá todos podamos tener esa Fe inquebrantable como María.
  Hace poco tuve a gracia de estar en Lourdes. Experiencias únicas si las hay; y mucho más si se va con el corazón dispuesto a transformarse. Primera vez que voy, y volvería mil veces más. Yo pienso que hay que vivir la experiencia, porque con palabras mucho no se puede decir. Hay que estar ahí para sentir que uno de tus objetivos, uno de tus sueños, se hace realidad. Todo lo que uno aprende de chico, lo que va escuchando, leyendo y hasta enseñando (en algunos casos), está ahí. No hace falta revisar libros de catequesis, o ver videos, o ir a las parroquias para entender lo que hizo una jovencita de 15 años. Todo ese amor puro está desparramado en esa pequeña ciudad al sur de Francia, ese amor por el que estamos hoy acá. Muchas veces me puse a pensar: ¿Qué hubiera pasado si María le decía al Ángel que no aceptaba la voluntad de Dios? Que vaya a buscar a alguien más grande, con otra realidad económica, y hasta social. Esa respuesta nadie la sabe; pero no me la imagino diciendo que no.
  ¿Cosas para hacer? ¡Miles! La clave es organizarse, ordenar las ideas para no volverse loco sin poder hacer ninguna de las cosas que uno realmente necesita. Y lo que uno necesita, es estar más tiempo cerca de Mamá María. El Santuario es inmenso. Lleno de gente que se junta para de alguna forma agradecer, devolver, y también pedir a María todo ese amor que ella nos da día a día.
  Lo que recomiendo hacer es participar en la Procesión de Antorchas, donde miles de personas van rezando el Rosario, cantando y dando gracias a la Virgen por todas las Gracias que recibió. Visitar la Gruta, y si es posible, quedarse un buen rato ahí. Hablar con ella, contemplarla, pedir y agradecer. Hacer el recorrido del Vía Crucis, que es un camino en subida, con imágenes que realmente impactan. Darte un tiempo para entrar en algunas de las iglesias que hay adentro donde se encuentra expuesto El Santísimo Sacramento. Asistir a Misa en la Gruta, es una de las experiencias que uno no se olvida. Y algo que te renueva totalmente, es meterse en los Piletones, eso sí que no se lo pueden perder. En los Piletones se divide a los fieles entre hombres y mujeres. Se hace una fila, y cuando está habilitado, abren las puertas y hacen pasar de 5 en 5 para poder bañarte ahí con ayuda de voluntarios. ¿Cómo es el procedimiento? Mientras vas pasando, te ponen una bata con la que te meten adentro del piletón. Cuando estás adentro, te preguntan si querés rezar un Ave María, o si tenés alguna intención en particular. Te sumergen dentro del agua, y después te ayudan a salir. Salís completamente renovado.
  Por ahí no hace falta planificar un viaje a Lourdes. A Lourdes cada uno de nosotros lo tenemos dentro de nosotros, simplemente por el hecho de que María está siempre con nosotros, en todo momento. Sólo hay abrir el corazón, y entregárselo a María, que ella sabe bien lo que tiene que hacer con él.

Autor: Gonchi Becerra
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Otras noticias

Horco Molle - Tucumán

Hace algunos años fuimos invitados, a la capilla de Horco Molle por el padre José, para compartir la fiesta de la Virgen del Rosario ,su patrona.  

Ese día conocimos a está maravillosa comunidad, pero sentíamos que nos conocíamos desde siempre! 

Al entrar en la capilla el espíritu se llena de gozo,  la imagen de la Virgen te recibe en el centro (y puede verse el amor con la que es cuidada), tiene al niño en sus brazos, recordándonos que la grandeza de Dios  se hace ternura de niño, y que quiere ayudarnos a encontrarlo siempre. 

Fue una noche muy linda, donde tanto jóvenes, niños y grandes compartimos  la Misa, y luego un momento de alegría en torno a nuestra Mamá María. 

Llevamos una obra  sobre  la historia de la virgen del Rosario y Santo Domingo y también la emocionante y no tan conocida historia de “su” Virgen del Rosario (de manto rojo) que es la misma que se encuentra en Santo Domingo (llamada la milagrosa ) cuyos milagros se remontan a los orígenes de nuestra provincia. 

A partir de ese momento un lazo espiritual nos unió a la comunidad, nos sentíamos en casa, y nuestros nuevos amigos abrían sus brazos para recibirnos con enorme generosidad. Son para nosotros un regalo de Dios que se siente como fuego en el corazón .

A partir de ese día  fuimos compartiendo distintos momentos y tiempos litúrgicos, y surgió una propuesta de ir un día a la semana al salón de la capilla, iniciando  los “jueves de bordado y oración”. Allí Cristina y Tomasita enseñaban a bordar y luego  los jóvenes de ADL  compartían la Palabra de Dios, reflexionando y rezando, así fuimos estrechando vínculos de amistad y hermandad . 

Recordaremos siempre los momentos vividos, como la adoración con toda la comunidad para navidad junto al pesebre viviente, la vigilia mariana del 6 octubre y la preparación para la consagración a la Virgen, recorriendo en varios encuentros el camino bíblico de María hasta llegar a ese día tan emocionante cuando todos juntos Apóstoles, Horco Molle, Alderetes,… como una sola comunidad nos consagramos a la Virgen,  fue un día de fiesta donde nos sentimos abrazados y hermanados en su manto .

Hay muchos proyectos por delante para caminar juntos, “porque no podemos callar lo que hemos visto y oído”. – 

 

Alderetes- Tucumán

Desde hace un par de años un grupo de Apóstoles tuvo la alegría de conocer Nuestra Señora del Valle, una capilla ubicada en el Barrio San Martín de Porres, gracias al padre Luis Brandan, en su momento párroco de Alderetes.

La Capilla tiene un lindo y formado grupo de catequistas, que nos contagió su alegría desde el primer día. En cada visita tuvimos la oportunidad de compartir distintos espacios con La Palabra y renovar juntos el Espíritu del evangelio.

Como en toda misión, se vive la gran experiencia de “casas y corazones abiertos”, abiertos a recibirnos, abiertos a escuchar y enseñarnos; abiertos para recordarnos que esa es la manera de amar. Visitar las casas del barrio nos acercó mucho y nos permitió compartir encuentros con mamás y niños en la capilla, con quienes vivimos momentos muy especiales.

Nos sumamos a distintas actividades muy importantes para la comunidad, como las Fiestas de Nuestras Señora del Valle, celebraciones de comuniones, confirmaciones y Pentecostés.

En el año Mariano nacional, pudimos compartir la preparación para consagrarse a María, que luego realizamos juntos.

Tenemos muchos proyectos por delante para realizar en conjunto con esta gran comunidad. Ojalá muchos puedan compartir esta experiencia de ser misioneros y misionados.

Hospital de Niños- Tucumán

Hospital de Niños: es en nuestro apostolado el encuentro con Cristo doliente, donde desde la enfermedad nos enseña a salir adelante regalandonos sonrisas. Nuestra misión es preparar momentos de reflexión bíblica y adoración al Santísimo para compartir con la pastoral de la salud. Luego los más lindo…la visita a las salas! Llevando siempre a Jesus y a María para dar fuerzas a quienes la necesitan. De manera especial vivimos juntos la vigilia de pentecostés y la navidad.

La Cruz - Burruyacu - Tucumán

Desde hace muchos años visitamos periódicamente un pueblo de Burruyacu: LA CRUZ. Iniciamos con un momento de formación y reflexión en la capilla. Visitamos las casas donde siempre nos reciben con cariño y nos comparten experiencias. A la tarde nos encontramos en la capilla donde, con BIBLIA en mano, crecemos en formación y espiritualidad, trabajando por áreas según edades (adultos jóvenes y niños). Generando siempre momentos de mucha alegría. con música, y actividades recreativas. Lo más lindo es la preparación para la consagración a la Virgen MARIA. Con ella buscamos que, año a año, la comunidad crezca en el amor a nuestra Madre.